La mirada de Dani

La conversación

Francis Ford Coppola · 1974

Lo que hizo Coppola en la primera mitad de los 70 no tiene comparación posible. Estrenó dos películas que rivalizan no solo dentro de su filmografía como sus mejores obras, sino que llevan ese debate a términos de la historia del cine. El Padrino y El Padrino II caen como una losa en cualquier discusión de podios cinematográficos y, aun así, entre semejantes gigantes, repunta una película más pequeña, menos coral, más íntima y, en resumidas cuentas, perfecta.

El hecho que pone título a la película no se hace esperar. Esa «conversación» tiene lugar en los primeros minutos, en un juego de montaje y sonido que compone toda una experiencia sensorial para el espectador.

Toda esa primera secuencia también es una declaración de intenciones. La película te mete de lleno en el oficio y su liturgia. No escatima tiempo ni recursos en mostrarte detalles técnicos, repetición, aparataje y prácticas especializadas. El gran ejemplo de esto mismo lo tenemos en la escena del baño del hotel, donde el personaje de Gene no se limita a sacar cualquier aparatejo, fonendoscopio o sucedáneo y escuchar lo que sucede al otro lado; saca su maletín y, paso a paso, con tranquilidad y precisión, monta su sistema de espionaje. Da gusto ver ese cariño y ese detenimiento en una escena.

El espionaje no solo nos absorbe a nosotros como espectadores, sino que tiene completamente invadida la cabeza del protagonista, que vive con auténtica manía persecutoria su día a día. No sin dejar hueco para la clave de la película: la culpa que siente el protagonista. Una culpa de la que huye deshumanizando su propio trabajo: «me tiene sin cuidado lo que hablen, solo me interesa hacer bien la grabación». Poco a poco, Coppola nos muestra los fantasmas de Harry y las consecuencias de sus actos. También le ofrece al personaje la oportunidad de redimirse, aunque ni él esperaba el propósito real de esa conversación entre dos amantes.

El final es una conjunción de opuestos. El caos en la casa de Harry contrasta con la paz de la melodía de su saxofón. Ante el desmoronamiento del personaje, vuelve a lo único que aún le hace sentirse persona: la música.

Miradas son retrospectivas escritas por socios de Taquilla Siete, nuestro club de cine en Madrid, a propósito de las películas que comentamos en nuestras Sesiones.