Para las amantes del terror, como yo, es fácil entrar a pecho abierto y con morbosa curiosidad en historias como este perverso juego de poder y venganza. Como bien se escucha en la película: «El horror, como el pecado, tiene su fascinación». El monstruo en la vitrina, una (esposa) rubia que fascinaría a Hitchcock y una misteriosa víctima que encarna un pasado dispuesto a perpetuar el mal.
Villaronga expuso con valentía temas que aún hoy resulta difícil tratar: nazismo, pederastia, sadomasoquismo, etc. Con crudeza nos demuestra que cuando la ficción se acerca a la realidad es cuando más cuesta mirar.
Una ópera prima escandalosa, perturbadora e impactante. Intensa e incómoda hasta lo insoportable. Una obra de arte en términos técnicos, en especial gracias a su cuidada fotografía y su atmósfera asfixiante: expresionista, densa, oscura.
Y ya, una película de culto.
Es imposible salir indemne de una película como Tras el cristal.